En abril de 1982, Gran Bretaña envió a retomar las Islas Malvinas una fuerza que incluía dos portaaviones y más de una docena de destructores y fragatas, sostenida por unos 120 buques entre navales, auxiliares y mercantes requisados. Lo hizo sin suspender sus otros compromisos en el mundo. La operación tardó setenta y cuatro días, costó 255 vidas británicas y 649 argentinas, y le demostró al planeta que el Reino Unido todavía era capaz de proyectar poder militar al otro lado del Atlántico.